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sábado, 23 de julio de 2011

RECORDANDO A MADRECITA LAURA ANTONIA

En el día de su cumpleaños.
Por el hermano Carlos Opazo Barragán.
Queridos hermanos: para este 22 de Julio de 2011, Hermes me ha pedido que haga un recuerdo de Madrecita Laura Antonia, en el día de su cumpleaños y he accedido gustoso a su petición, aunque el intento me ha costado sus buenos lagrimones.
Es ya, de todos ustedes conocida, la trayectoria de la vida y obra de nuestra fundadora, Guía Espiritual y Profeta del Divino Padre Creador en la Tierra en el siglo XX, en la Era del Apocalipsis. También somos, unánimes testigos en reconocer como sus Profecías se van cumpliendo paulatinamente, de acuerdo a la Voluntad del Padre Divino.
A todos los que convivimos con Ella, como Guía y Maestra nos dejó un recuerdo imborrable en nuestros corazones.
Pero en esta ocasión, como el hombre terreno que tuvo el privilegio de ser su esposo y primer discípulo por más de treinta años, quiero recordarla como la mujer maravillosa, que al encontrarla en la mitad de mi vida, pasando yo la edad de cuarenta años, ella lo fue todo para mi.
En aquellos años estaba yo inmerso en la dura lucha por la vida y con mi espíritu enfermo por la falta del verdadero amor. Estaba así convencido que el amor no existía y que sólo era una invención de los poetas, sumergido también estaba en las tinieblas de no conocer a Dios.
En ese estado y condición de mi triste vida, encontré a Laura Antonia y surgió de inmediato el amor avasallante a primera vista. Fue como un gran lago que rompe la represa y se desborda impetuoso. Así encontré a la hermosa mujer que fue el verdadero amor de mi vida y por añadidura, ella me dio a conocer la Verdad, que es el Divino Padre Creador y todo lo que de Él procede.
Su espíritu lleno de ternura ha quedado retratado en forma indeleble en una carta de amor que ella puso en mis manos, después de doce años de matrimonio. Hela aquí:


Por mas de siete años sufro su ausencia física, aunque percibo claramente que una parte de su espíritu me acompaña siempre, manifestándose de diversas formas: golpecitos en sus retratos, mientras leo o escribo en el living o al regar las plantitas del jardín, llega ella en una avecita: tortolita, diuquita o chincolito, que se posa una rama cercana. También su espíritu entra en una mariposita que se posa delante de mí, en el sendero del jardín por el que camino en ese momento, obligándome a detenerme. Yo me inclino lentamente y le empiezo a hablar con palabras de amor, mientras ella mira atentamente con sus ojitos. Yo le digo entonces: “si tú eres mi amor, mueve tus alitas”, y ella las mueve lentamente dos o tres veces.
En esta ya larga ausencia, me sostiene la esperanza, de que nos reuniremos un día ya no lejano, Dios mediante. En un sueño Ella así me lo reveló.

El sueño fue el siguiente: me encontraba en una amplia sala en la semipenumbra y estaba de pie esperando que se abriera una gran puerta blanca, que tenía delante, yo deseaba persistentemente que se abriera la puerta. Finalmente esta se abría y entraba hacia un lugar al aire libre, lleno de luz y con una naturaleza de hermosos colores radiantes.
Y allí estaba mi amada Laura Antonia de pie esperándome. Mostraba ser de una edad de mas de 70 años, como si hubiese estado junto a mí en la Tierra todos estos años de ausencia.
Estaba con su túnica y capa verde, las que se veían algo ajadas y desteñidas por la acción del tiempo. Ella tenía el aspecto de una ancianita, menudita y delgadita, mostrando su rostro las naturales arrugas de los años, pero su carita siempre bonita, especialmente luminoso y límpidos ojos verdes que daban destellos de amor en su mirar. Siempre con su innata coquetería, llevaba su rostro maquillado y su pelito teñido color miel y peinaba melena corta de permanente. Se veía linda y me esperaba sonriente y feliz.
Al verla yo abría los brazos y embargado por la emoción iba hacia ella, diciéndole: “mi bien, mi tesoro, mi vida”!... y la abrazaba estrechamente.
En ese momento, despierto llorando de emoción.

Espero en el alma, que por Voluntad del Padre, ese sueño se haga realidad algún día.

Que así sea, querido Monseñor Carlos.

Hermanos:  por último les dejo parte de nuestro archivo historico, la voz de nuestra Madrecita Laura Antonia, recitando un fragmento del poema: "Jesús, Tú Eres El Mesías", escrito por quien fuera su esposo, su amor y compañero y primer discípulo Monseñor Carlos Opazo.


"Gloria al Divino Padre Creador en las alturas y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad”.